Iluminación de edificios en Barcelona
La mayoría de portales de Barcelona están por debajo del mínimo legal. Y no se nota hasta que alguien tropieza.
Ninguna se arregla poniendo una bombilla más potente, y por eso se repiten año tras año.
Un solo detector en el portal no cubre cuatro plantas. Se sube el primer tramo con luz y el resto a oscuras.
Y el pulsador está donde no se ve.
De la calle al portal con un salto brusco de oscuridad a plena luz. La pupila tarda segundos en adaptarse.
Quien peor lo lleva es la persona mayor.
Se cambia a LED sin tocar el resto y el consumo sigue alto porque la luz está encendida horas sin que pase nadie.
Cuando medimos con luxómetro, los sitios que fallan son casi siempre los mismos. Y no es el centro del vestíbulo, que es donde todo el mundo pone la luminaria.
1 · EL MÁS FRECUENTE
Justo donde empieza el primer peldaño. La luminaria del vestíbulo no llega y la de la primera planta tampoco. Es el punto exacto donde más gente tropieza.
3 · EL DE LA TRANSICIÓN
Entrando de día no se nota; de noche, sí. Si el salto de nivel de luz es brusco, la pupila tarda en adaptarse. Se resuelve con un escalonado, no con más potencia.
2 · EL QUE SE OLVIDA
El cambio de dirección entre tramos. Con un solo punto de luz por planta, la meseta queda en sombra propia.
4 · EL QUE DA PROBLEMAS
Casi siempre queda a contraluz o en sombra del propio bloque. Y es donde hace falta leer números pequeños.
En la visita se mide con luxómetro en varios puntos del recorrido y sale un plano con los que están por debajo. No se decide a ojo.
La iluminación la usa todo el edificio, pero hay ocho momentos en los que la diferencia entre cien lux y cuarenta es la diferencia entre ver y adivinar.
De noche, con las manos ocupadas y por la parte de la escalera que peor iluminada suele estar.
Suben corriendo, jugando, pensando en sus cosas. Un tramo oscuro entre dos iluminados es donde se cae la gente.
Buscando la llave con dos bolsas colgando. Si la luz se apaga, hay que dejarlo todo en el suelo.
Necesita ver bien cada peldaño. Es quien primero nota que un tramo está peor que otro pudiendo provocar inseguridad.
Y quien lo reparte: con la caja tapando la vista, el peldaño que no se ve es el que hace tropezar.
Un número grabado en el mismo tono del metal, quien lee la correspondencia ybtira la propaganda, con cuarenta lux, no se lee. Y menos con gafas.
Bajando en penumbra, de espaldas y buscando el escalón con el pie, cargado hasta las orejas y pendientes de los hijos.
La vista pierde sensibilidad al contraste con la edad. Lo que a los treinta parece suficiente, a los setenta no lo es.
La luz la nota todo el edificio, pero quien peor ve es quien más lo nota. Y a partir de cierta edad hace falta más del doble de luz para distinguir lo mismo.
Si falta la tuya, escríbenos y la respondemos sin compromiso.
Con un luxómetro, midiendo a nivel del suelo en varios puntos del recorrido y no solo debajo de la luminaria. Hay aplicaciones de móvil que dan una idea aproximada, pero para un informe hace falta un aparato calibrado.
En la visita lo medimos y sale un plano con los puntos que están por debajo. Eso se lo queda la comunidad, aunque la obra la haga otro.
Mientras no se reforme, el CTE no obliga retroactivamente. Pero hay dos cosas que sí pesan: si se hace obra en el portal, hay que adecuar lo que se toca; y si alguien se cae en una zona por debajo del mínimo, la comunidad responde por lo que sabía y no arregló.
Pasa a menudo, y casi siempre por lo mismo: se cambió la lámpara sin cambiar dónde está. Los lux dependen tanto de la posición como de la potencia, y una luminaria potente en el sitio equivocado da menos luz útil que una menor bien situada.
Y hay un segundo motivo: si se cambió solo el vestíbulo, la escalera sigue con lo de antes y el contraste hace que parezca más oscura todavía.
Al revés, casi siempre. La mayoría de portales antiguos tienen halógeno o fluorescente encendidos muchas horas al día. Cambiar a LED con detección de presencia da más lux con bastante menos consumo.
Lo que sí sube el consumo es dejar la luz permanentemente encendida al 100 %. Por eso trabajamos con nivel de espera al 10 % en lugar de apagado total: se ahorra casi igual y no se entra nunca a oscuras.
Se puede iluminar bien sin poner un solo foco visto. Se trabaja con luz indirecta sobre cornisa, apliques de pared en la línea del zócalo alto y, si hay moldura, un perfil oculto que la lave.
Se gana luz y se pone en valor lo que la finca ya tenía, que suele quedar mejor que antes. Y si el elemento está protegido, se comprueba con patrimonio antes de llevar el proyecto a la junta.
Se puede, pero conviene saber una cosa: si las temperaturas de color no coinciden, la zona vieja va a parecer sucia al lado de la nueva. Y eso se ve enseguida.
Si hay que hacerlo por fases, se elige la temperatura al principio y se anota, para que la segunda fase compre lo mismo, aunque pasen dos años.
La visita con medición de luxómetro, sin coste y sin compromiso en Barcelona ciudad y en el Barcelonès: Eixample, Gràcia, Sant Andreu, Ciutat Vella, Sants-Montjuïc, Les Corts, Sarrià-Sant Gervasi, Horta-Guinardó, Nou Barris, Sant Martí, L’Hospitalet y Badalona.
Una del vestíbulo de noche, otra del arranque de la escalera y otra del frente de buzones. Con eso ya se ve dónde están los puntos negros, aunque la medición haya que hacerla en persona.